El Nacionalismo Visto Desde El Lado Oculto

Orgullo nacionalista cuando un deportista gana una medalla en olimpiadas, o un campeonato mundial, o en la celebración de la independencia o día nacional; y es tal la emoción y el orgullo que se experimenta al ver ondear la bandera que realmente el momento produce escenas conmovedoras.

¿Qué es este fenómeno del nacionalismo?
¿Qué hay detrás de un fenómeno como este que hace que tanta gente pueda derramar lagrimas por su nación y al mismo tiempo llevar a cabo acciones tan contradictorias hacia su propio país por el cual se sienten tan orgullosos? Desde corrupción, crimen, destrucción del medio ambiente, venderse por unas monedas a algún partido político, racismo y discriminación hacia personas de “menor clase o raza” aun habiendo nacido en el mismo país y apatía en general por el prójimo.
Albert Einstein dijo alguna vez que “el nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”

¿Y cómo vacunamos de esta enfermedad infantil a la sociedad humana?
A quién no le ha tocado ver la efervescencia nacionalista en la celebración del día de la independencia o cuando hay algún evento deportivo de gran difusión como es el mundial de fútbol.

El nacionalismo empieza siendo inculcado en la escuela, donde nos enseñan que hubo héroes que nos liberaron de algún conquistador, opresor, o en el caso de países que no fueron conquistados se celebra su fundación o algún evento que marcó su historia, como lo es la celebración por la toma de La Bastilla en Francia los dias 14 de julio de cada año.

También se manda a escribir un himno nacional, se instituye la adoración a la bandera, entre otras cosas.
Pero si ponemos una lupa y vemos más de cerca el fenómeno del nacionalismo, empezamos a notar algo ilusorio e infantil, como dijo Einstein, alrededor de este fenómeno.

Si revisamos un par de eventos de la historia nos ayudará a tener una mejor idea de lo efímero de este concepto. Para empezar a ilustrar tomemos el caso del territorio de lo que ahora es México, antes de la conquista Española se podía ver que estaba formado por una gran variedad de “naciones” cada una con su propia lengua, como es el caso de la nación zapoteca, totonaca, purépecha y por supuesto los grandes conquistadores mexicas, mejor conocidos como aztecas; además de otomíes, sin olvidar a los apaches, comanches y muchos otros del territorio que México posteriormente perdió con EE.UU.

Hubo un tiempo que México incluía a lo que hoy es Guatemala dentro de sus provincias, así como Texas, Nuevo México, Arizona y California en lo que hoy es EE.UU. Esta realidad no es más el día de hoy, ¿Y qué nos dice que en un futuro cercano no se formará una nación que incluya a todas las de Centro América? ó como se rumora, una nueva nación que incluya a los 3 países de Norteamérica; Estados Unidos, México y Canadá. Me imagino que si hubiera habido un campeonato de fútbol en los primeros días de lo que conocemos como México, los texanos, por ejemplo, se habrían ido a festejar ondeando una bandera de color verde, blanco y rojo.

Ahora, en este futuro imaginario de la Federación Norteamericana, los que hoy nacimos en México, celebraríamos triunfos de alguien nacido en Montreal, por ejemplo.

Y en lugar de celebrar el inicio de la guerra de Independencia de España, celebraríamos la fundación de la Federación Norteamericana, digamos un 8 de octubre, o el día que ustedes imaginen.
A qué país se pertenece, depende de la época en la que se viva. No parece haber fronteras ni lenguas definidas.

Tomemos el caso real de lo que sucedió con la antigua URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia que durante la mayor parte del siglo XX fueron naciones consolidadas pero que después de la caída del muro de Berlín en 1989 se desquebrajaron obligando a la impresión de nuevos mapas donde se incluyeran las nuevas naciones. Tan sólo Yugoslavia se dividió en Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia, sin mencionar Ucrania, Kazajistán, Uzbequistán y la larga lista de países salidos de la URSS.

En la primera guerra mundial todavía existía algo llamado el Imperio Austrohúngaro el cual no duró más de dos siglos, y estaba formado por lo que hoy es Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, además de porciones de algunos países como Italia, Rumania, Polonia y Ucrania. Entonces, si no es en fronteras fijas en lo que se basa el nacionalismo, ¿en qué se basa?

El orgullo nacionalista parece más bien parece estar formado por otros ingredientes que no son líneas fronterizas e idioma fijos, sino más bien de elementos que aunque son parte de nuestra vida diaria no les prestamos atención por parecer invisibles; me refiero principalmente a los instintos, y en este caso al instinto de territorialidad, una dosis de un amor del tipo maternal por la madre patria y la necesidad de pertenencia para darle sentido a la vida. Muy poca gente sabe que la noción de libre que se nos ha hecho creer que tenemos, qué podemos elegir, es falsa. Entre los instintos y las emociones tenemos la base del 70% al 90% de nuestras desiciones, y sólo un 10% en el nivel racional. Sobre esta base funciona la mercadotecnia moderna al vendernos cualquier producto, y en la realidad actual el nacionalismo también es un producto, además de un instrumento de control.

El nacionalismo es un buen pretexto para hablar del libre albedrío y los instintos, hay suficiente información al respecto en la red que podría ampliar nuestra visión sobre estos temas y conocer un poco más sobre nosotros mismos y así poder ampliar nuestro margen de acción en el mundo y a la vez protegernos de la manipulación.

El orgullo por la lengua que se habla, por la comida local, costumbres y música de la región, entre otras cosas, hace que un grupo de gente que comparte todo esto se identifique consigo misma. Y no tiene nada de anormal sentirse cobijado por el lugar donde uno nació y ha vivido, pero cuando la perspectiva se amplía el concepto del nacionalismo se derrumba, dejando lugar a convivencias y celebraciones pero ya sin el pretexto del nacionalismo y sin las diferencias de color de piel y económicas que conlleva. Pasarla bien no tiene nada de malo, eso queda claro.

La tendencia instintiva es natural y el humano busca en qué depositarla, aunque en esta época en la que todo cambia tan rápido, en la que las fronteras y los usos horarios se diluyen con internet y en que hablando una lengua como el idioma inglés, es posible comunicarse con cualquier persona en el mundo, parece ya inútil e innecesario el nacionalismo.

Hubo una época donde por el momento histórico que se vivía el paso lógico era fomentar un sentido de nacionalismo para unificar fuerzas y empujar el desarrollo en todos los sentidos. En ese entonces los gobernantes impulsaron campañas nacionalistas con este fin. Parecía lo lógico para el nivel de conciencia de ese tiempo, pero hoy, en el actual momento histórico es además de contradictorio, anticuado.

Nacionalismo actual por Furboz

Se escuchan voces que dicen que el paso siguiente es una consciencia planetaria o universal, en la primera como seres pertenecientes al planeta Tierra y en la segunda como simplemente seres vivientes en este Universo. No significa eliminar la diferencia y que todo el planeta piense y sienta igual, la diferencia entre regiones seguiría existiendo, sólo que de forma diferente.
Sin embargo, estamos tan habituados a esta noción de nacionalismo que vemos natural tener que sacar pasaportes o visas para ir de un país a otro y hasta buscamos justificaciones, especialmente si se trata de que extranjeros invadan las fronteras del país al que pertenecemos.
Por cuestiones administrativas, todavía puede que sea necesario el manejo de este tipo de divisiones, pero la mentalidad puede cambiar ahora mismo.

 

Foto de portada: FIFA

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