La mujer no es bella por naturaleza

La mujer aprendió a ser atractiva para garantizar la conservación y protección de su descendencia.

 

Algunos estudios biológicos muestran que en la naturaleza es norma casi general que los machos sean más vistosos, los que muestran la figura más elegante y plumajes más llamativos esto con la finalidad de atraer al sexo opuesto y de esta manera preservar su especie, de igual manera es casi general que entre los animales las hembras presenten un aspecto “gris”.

Esto se debe a que  las hembras buscan no llamar la atención ya que mimetizándose con su entorno tienen mayor garantía de sacar adelante a sus descendientes frente a los depredadores.

Sin embargo, en aquellas pocas especies animales que forman parejas estables, la proximidad del macho y la seguridad de una residencia fija hacen que la hembra desarrolle atributos y se adorne con motivos llamativos, por lo menos en la misma medida que el macho, es decir, disminuye el dimorfismo sexual.

En el transcurso de la evolución de nuestra especie la hembra humana quien no tiene la necesidad de mimetizarse con su entorno para salvarse de los depredadores (más que de su propia especie),  acentuó su atractivo sexual,  esto se atribuye al deseo  que tienen de asegurar la permanencia del hombre en su cercanía. Gracias a esto, la influencia de modas que evolucionan con el transcurso del tiempo y las operaciones estéticas podría decirse que  la mujer dejó atrás lo “gris” de su aspecto para convertirse en el ser más “llamativo” conocido hasta el día de hoy, no obstante esta no es su naturaleza.

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